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domingo, 1 de octubre de 2017

EL CAMINO DE SANTIAGO EN ARAGÓN

En el siglo XI, los primeros reyes de Aragón reconstruyeron y mejoraron la red de comunicaciones de su territorio, reparando las vías romanas todavía en uso, obrando otras nuevas, y construyendo puentes, albergues y baños vinculados a las rutas principales. Así sucedió con el camino jacobeo, transitado desde hace tiempo por muchos peregrinos y viajeros que necesitaban de la protección de los reyes y obispos.

 En aquellas fechas la ruta del valle de Hecho cedió el protagonismo al camino del puerto del Somport, donde transitaba la ruta de comercio internacional más importante del naciente reino, que atravesaba el alto valle del Aragón y pasaba por Jaca.

 El peaje que gravaba el tránsito mercantil se cobraba en el castillo de Candanchú, en Canfranc y en Jaca, y de él estaban exentos los peregrinos. Bajo la mirada del castillo de Candanchú se situó el Hospital de Santa Cristina de Somport, que fue la mayor y la más famosa institución de acogida de todo el reino. Regida por una comunidad de canónigos, poseían delegaciones, hospitales propios y cofradías dependientes en muchos núcleos del camino jacobeo, desde el Bearn hasta Soria.

 Al llegar al Campo de Jaca o a la Canal de Berdún, el camino cambiaba su dirección norte-sur por la de este-oeste, siguiendo la ribera del Aragón hasta Tiermas y la frontera con Navarra. Dirección que no abandonará ya hasta alcanzar la tumba del apóstol. Este camino, en realidad, era una densa y extensa red viaria que incluía centenares de tramos y de ramificaciones. Los ramales partían de los diversos puntos de origen: zona centroeuropea, Inglaterra, Francia, Flandes, Italia y de todos los rincones de la Península Ibérica. La mayoría de estos ramales se juntaban en los Pirineos, para atravesar sus pasos principales. Otros iban por mar, alcanzando puertos como Barcelona y Valencia, y después subiendo hasta Zaragoza y Astorito, para sumarse a la ruta principal.

 Los peregrinos hallaban, en todas las ciudades, catedrales que custodiaban o decían custodiar las reliquias de grandes santos, discípulos del apóstol, patronos locales u objetos relacionados con Jesús y su Pasión. En la catedral de Jaca se veneraba a Santa Orosia, patrona comarcal, y otras reliquias como un brazo de San Pedro y un maxilar con dos muelas de San Andrés. La proliferación en época medieval de grandes monasterios y santuarios –propietarios todos ellos de reliquias famosas-, también provocaba la creación de nuevas rutas que se bifurcaban de los itinerarios principales para acercar a los peregrinos hasta sus iglesias.

 Un ejemplo cercano lo tenemos en San Juan de la Peña, hasta donde se desplazaban muchos peregrinos jacobeos a su paso por el tramo aragonés. Allí se veneraban las osamentas de San Indalecio, obispo de Almería del siglo III (a quien se hizo pasar por discípulo del apóstol Santiago); las de los santos fundadores del cenobio (Voto y Félix); y el mismísimo Santo Grial, que contuvo la sangre de Cristo. Y lo mismo sucedía con los desvíos que conducían hasta San Pedro de Siresa o hasta San Salvador de Leire, custodios de otras tantas reliquias.

Esta compleja y entroncada red viaria de peregrinación contaba con una serie de nódulos o cruces de caminos donde confluían y se ramificaban los distintos tramos; donde se situaban las ciudades y mercados principales; y donde también se multiplicaban los equipamientos, hospitales y centros de asistencia para pobres y peregrinos. En nuestra comarca, los principales nódulos jacobeos fueron Jaca, Astorito y Tiermas, puntos de parada obligada.

El Camino de Santiago entró en crisis en el siglo XVI. La Reforma protestante, principalmente, fue la causa de esta decadencia. Por un lado, la ruptura entre la Europa reformada y la España católica, acompañada por la fortificación y militarización de la frontera. Por otro, el recuerdo en tierras francesas de que también en Toulouse se conservaba un cuerpo del apóstol Santiago.

 ¿Cuál era el auténtico?.

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